La construcción del Mega Puerto de San Antonio, considerada la mayor obra de infraestructura portuaria en la historia de Chile, enfrenta un escenario marcado no solo por su millonaria inversión, sino también por un complejo tablero geopolítico internacional.
Con una inversión proyectada de US$ 4.450 millones, el denominado Puerto Exterior busca posicionar a Chile como uno de los principales polos logísticos del Pacífico Sur, elevando la capacidad de transferencia de carga hasta 6 millones de contenedores anuales y permitiendo la llegada de grandes naves de comercio internacional.
Sin embargo, el proyecto ha quedado en el centro de una controversia que trasciende lo económico. La Empresa Portuaria San Antonio (EPSA) decidió postergar la licitación internacional que originalmente estaba prevista para el viernes 6 de marzo, trasladando la recepción de ofertas para el 10 de julio, lo que deja la adjudicación final en manos de la futura administración del presidente José Antonio Kast.
Oficialmente, la estatal argumentó razones técnicas: resguardar la competitividad del proceso y otorgar más tiempo a los licitantes para preparar sus propuestas. No obstante, la decisión coincide con el momento más delicado de la tensión diplomática entre Chile, Estados Unidos y China.
La controversia se intensificó tras el conflicto generado por el proyecto del cable submarino entre Chile y China, iniciativa que desató fuertes reparos desde Washington. La situación escaló al punto de provocar la revocación de visas estadounidenses a altos funcionarios del gobierno anterior, en una señal inédita de presión diplomática.
Según diversos reportes de prensa, el embajador de Estados Unidos, Brandon Judd, habría manifestado en reuniones privadas su inquietud por la participación de un consorcio integrado por gigantes estatales chinos dentro del proceso licitatorio del puerto. Entre los competidores figuran empresas y consorcios provenientes de Países Bajos, Bélgica, España, Corea del Sur y China, lo que convierte la licitación en un punto estratégico dentro de la disputa por la influencia comercial en Sudamérica.
Más allá de la pugna entre potencias, el proyecto representa una oportunidad clave para el desarrollo económico nacional. Se estima que el megapuerto permitirá aumentar significativamente la competitividad logística de Chile frente al avance de otros terminales de la región, como el puerto de Chancay en Perú.
Hoy, San Antonio no solo espera una inversión histórica, sino que se ha transformado en el epicentro de una decisión que mezcla desarrollo, soberanía e intereses globales.